Libertad Económica
El RIGI en acción: cuando el Estado se corre y llega la inversión
Un viaje que vale más que mil discursos
Confieso que cuando escuché por primera vez hablar del RIGI, en medio del vendaval legislativo del año pasado, lo miré con el escepticismo habitual del que ya vio demasiados regímenes de promoción industrial convertirse en cajas de resonancia para el amiguismo. Argentina tiene una historia larga y penosa en ese sentido: Tierra del Fuego, los parques industriales bonaerenses, los reintegros a exportaciones que terminaron siendo subsidios encubiertos a empresas con contactos en el Ministerio de Economía de turno.
Pero esta semana, según informó Diputados Bonaerenses, Milei viaja a Catamarca y Neuquén precisamente para mostrar proyectos concretos que entraron bajo el paraguas del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Y ahí, en ese detalle aparentemente protocolar, está lo que me parece interesante analizar.
Qué es el RIGI y por qué importa más de lo que parece
El RIGI no es un subsidio. Esa es la distinción fundamental que buena parte de la cobertura mediática omite, quizás porque no encaja bien en el relato de "el gobierno regala plata a los ricos". Lo que hace el régimen es ofrecer estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria por 30 años a proyectos de inversión que superen los 200 millones de dólares. En criollo: el Estado se compromete a no cambiarle las reglas de juego a mitad del partido.
Eso, en Argentina, es revolucionario. No porque sea una idea nueva —Alberdi lo explicó con claridad meridiana en las Bases cuando hablaba de la necesidad de garantías jurídicas para atraer capitales europeos— sino porque es la primera vez en décadas que un gobierno lo instrumenta con cierta seriedad institucional. Hayek tenía razón cuando insistía en que la certeza jurídica no es un lujo para economías desarrolladas: es la condición de posibilidad del desarrollo mismo.
Catamarca y Neuquén no son casualidad
El presidente eligió dos provincias que son, en cierto modo, el espejo de lo que Argentina podría ser si dejara de sabotearse. Neuquén tiene Vaca Muerta, la formación de hidrocarburos no convencionales más grande fuera de Estados Unidos, según estimaciones de la Administración de Información de Energía de los Estados Unidos. Catamarca tiene litio, cobre y minerales críticos que el mundo desarrollado necesita con urgencia para su transición energética.
Ambas provincias llevan años viendo cómo sus recursos naturales se quedan en el subsuelo mientras la política nacional oscila entre la tentación de estatizar y la de gravar hasta el punto de hacer inviable la extracción. El RIGI no resuelve todo eso de un plumazo, pero manda una señal: si venís con capital serio, encontrás reglas serias.
Desde mi perspectiva, lo más valioso del viaje presidencial no es el acto en sí —los presidentes argentinos siempre fueron buenos para los actos— sino el mensaje implícito: que el gobierno entiende que la inversión no se decreta, se atrae. Y se atrae con previsibilidad, no con discursos.
El riesgo real: la política que no puede quedarse quieta
Ahora bien, sería deshonesto de mi parte presentar el RIGI como una panacea sin señalar sus puntos débiles. El principal no es técnico sino político: ¿cuánto dura la estabilidad prometida cuando cambia el signo del gobierno?
Esa es la pregunta que cualquier inversor serio se hace antes de comprometer 200 millones de dólares en una mina de litio en el noroeste argentino. El RIGI tiene rango de ley, lo cual es mejor que un decreto, pero Argentina tiene una historia de leyes que se modifican, se reglamentan mal o directamente se incumplen cuando el viento político cambia de dirección. El kirchnerismo expropió YPF con mayoría parlamentaria. La memoria institucional de los inversores es larga.
El segundo riesgo es interno al propio régimen: que los gobiernos provinciales, tentados por la presión gremial o electoral, empiecen a poner condicionamientos locales que erosionen la previsibilidad que el RIGI promete a nivel nacional. Neuquén tiene sindicatos petroleros con poder de veto real. Catamarca tiene una tradición de política minera que no siempre fue amigable con el capital privado.
Dicho esto, el hecho de que estos riesgos existan no invalida el instrumento. Invalida la ilusión de que un solo régimen puede compensar décadas de destrucción institucional. El RIGI es necesario pero no suficiente.
Lo que me parece bien y lo que me genera dudas
Me parece bien que el gobierno haya entendido que la riqueza no se redistribuye antes de crearse. Esa secuencia —primero producción, después distribución— es el ABC del pensamiento liberal y también el sentido común que el populismo argentino invirtió sistemáticamente durante veinte años. Milton Friedman lo decía de forma simple: no podés repartir lo que no existe.
Me genera dudas, en cambio, la tentación de convertir el RIGI en un fetiche político. El viaje de Milei a Catamarca y Neuquén tiene una dimensión de comunicación presidencial que es legítima, pero también puede volverse contraproducente si el gobierno empieza a medir el éxito del régimen por la cantidad de fotos en obras y no por la calidad de las reglas que sostienen esas obras en el tiempo.
Los inversores no miran las fotos. Miran los contratos, la jurisprudencia, la estabilidad cambiaria y la independencia judicial. En esos cuatro frentes, Argentina todavía tiene mucho trabajo por hacer.
Mi lectura final: un paso en la dirección correcta, con los pies en la tierra
Soy de los que creían que Argentina necesitaba una reforma de fondo en su relación con el capital privado. No porque los empresarios sean virtuosos por definición —no lo son— sino porque sin inversión privada no hay empleo genuino, no hay exportaciones, no hay divisas y no hay salida del laberinto de la pobreza estructural.
El RIGI, con todas sus imperfecciones, apunta en esa dirección. El viaje presidencial para mostrar proyectos concretos también. Si la política tiene la disciplina de no meterse donde no la llaman y los organismos de control hacen su trabajo, puede ser el primer eslabón de una cadena virtuosa que Argentina no veía desde los años noventa.
Pero ojo: el mérito no se hereda ni se decreta. Se construye proyecto a proyecto, contrato a contrato, año a año. Eso es lo que Hayek llamaba el orden espontáneo: no el resultado de un plan central, sino la acumulación de miles de decisiones individuales tomadas bajo reglas predecibles. Si el RIGI sobrevive al primer cambio de gobierno, habremos dado un salto cualitativo. Si no, será un capítulo más en el largo manual argentino de las oportunidades desperdiciadas.
Relacionado: Educación y meritocracia: las claves para el futuro de Argentina — otra mirada sobre el mismo tema.
Fuentes citadas
- Diputados Bonaerenses — Milei viaja a Catamarca y Neuquén por el RIGI — Fuente original de la noticia que da origen a esta columna editorial.
- Ministerio de Economía de la Nación — RIGI — Información oficial sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, sus condiciones y sectores alcanzados.
- U.S. Energy Information Administration — Argentina — Datos sobre reservas de hidrocarburos argentinos, incluyendo estimaciones sobre Vaca Muerta.