Libertad Económica

Milei reduce la inflación, pero el bolsillo sigue sin respirar: ¿por qué la política liberal tarda en sentirse?

Calle de barrio porteño con vendedores ambulantes y parada de colectivo al atardecer
Calle de barrio porteño con vendedores ambulantes y parada de colectivo al atardecer

Datos clave

  • La inflación anual cayó al 5,2% en septiembre, la cifra más baja desde 2019.
  • El gasto público representa el 30% del PIB, superando la media de los países de la OCDE.
  • Más de 300,000 empleados trabajan en la función pública, lo que encarece la cadena productiva.

Milei reduce la inflación, pero el bolsillo sigue sin respirar

El dato oficial y su contexto

El último informe de la oficina de prensa del presidente indica que la inflación anual cayó al 5,2 % en septiembre, la cifra más baja desde 2019. Según el reporte de Red43Milei bajó la inflación. El bolsillo todavía no lo siente señaló que la tendencia es “descendente”. Sin embargo, la noticia no ha llegado a los hogares de los argentinos que siguen viendo los precios de la canasta básica subir mes a mes.

Por qué la inflación baja no se traduce en poder adquisitivo

Hay una diferencia crucial entre la tasa de inflación y el costo de vida percibido. La primera es una medida estadística que captura la variación promedio de precios, mientras que la segunda depende de la composición de la canasta de cada familia. En un contexto donde el salario real se mantiene estancado, una caída del 0,3 % mensual en la inflación no basta para compensar la pérdida de poder de compra acumulada en los últimos años.

Además, la política monetaria del Banco Central ha sido más restrictiva, pero la transmisión al sector real se ha visto frenada por la alta carga impositiva y la persistente burocracia que encarece la producción. Como argumentó Friedman, la estabilidad de precios es necesaria pero no suficiente; sin una reducción del intervencionismo estatal, la economía no logra traducir esa estabilidad en precios más bajos para el consumidor.

El papel del gasto público y la burocracia

Desde que Milei asumió, el gobierno ha recortado gastos en áreas que no generan valor agregado, como subsidios a empresas ineficientes y la nómina del aparato estatal. Sin embargo, la estructura de la administración pública sigue siendo inmensa: más de 300 000 empleados en la función pública y una maraña de regulaciones que encarecen la cadena productiva.

Según datos del INDEC, el gasto público representa el 30 % del PIB, una proporción que supera la media de los países de la OCDE. Cada peso que el Estado consume es un peso que no circula en la economía de mercado, donde la libre empresa podría generar empleo y competencia de precios. Como bien decía Hayek, la información dispersa en la sociedad solo puede ser coordinada eficientemente por el mercado, no por un plan central.

Meritocracia y mercado libre: la vía para sentir el alivio

La solución no está en esperar que la inflación “baje más” sino en impulsar la productividad mediante la eliminación de trabas regulatorias y la apertura de sectores estratégicos. Cuando los empresarios pueden competir sin barreras, los precios tienden a descender y los salarios pueden crecer por mérito.

Ejemplos recientes lo confirman: la desregulación del sector agropecuario ha permitido que los pequeños productores accedan a mercados internacionales, reduciendo la dependencia de importaciones caras. Asimismo, la reforma laboral que elimina la rigidez de los contratos temporales fomenta la contratación basada en desempeño, alineando incentivos entre empleadores y empleados.

Conclusión: la paciencia del liberalismo

Milei ha logrado un avance significativo al frenar la escalada inflacionaria, pero el impacto real en el bolsillo requiere de una agenda más profunda: menos Estado, más competencia y una cultura de mérito. La caída del 5,2 % es solo el primer paso; la verdadera victoria será cuando los argentinos vean sus facturas bajar y sus salarios subir gracias a un mercado verdaderamente libre.

Como liberal, reconozco que el proceso lleva tiempo y que existen trade‑offs: recortar gasto implica dolor político y social en el corto plazo. Sin embargo, la alternativa –un Estado inflado que sigue generando inflación estructural‑ es mucho más costosa. La historia nos muestra que la libertad económica es el motor que, a la larga, devuelve la dignidad al trabajador y la confianza al consumidor.


Autor: Juan Pérez, columnista de Justicia Liberal

Relacionado: Moyano, detención y sindicalismo: la corrupción que la Justicia K nunca tocó — otra mirada sobre el mismo tema.

Fuentes citadas

  1. Red43 – Milei bajó la inflación. El bolsillo todavía no lo siente — Fuente original de la noticia
  2. INDEC – Índice de Precios al Consumidor — Datos oficiales de inflación y canasta básica
  3. BCRA – Principales variables macroeconómicas — Información sobre la política monetaria y tasas de interés

Preguntas frecuentes

¿Por qué la inflación oficial no se refleja inmediatamente en los precios de la canasta básica?
La canasta básica está compuesta por bienes con precios menos volátiles y, a menudo, sujetos a subsidios o regulaciones que no se ajustan al ritmo de la inflación general. Además, la inercia de precios y los contratos a largo plazo hacen que la caída de la tasa oficial tarde en permear al consumidor final.
¿Qué medidas concretas debería tomar el gobierno para que el descenso de la inflación se traduzca en mayor poder adquisitivo?
Reducir la carga impositiva sobre la producción, eliminar regulaciones que encarecen los costos logísticos y profundizar la reforma del empleo para premiar el mérito. Estas acciones aumentan la oferta y la competencia, presionando a la baja los precios.
¿El recorte del gasto público afecta a los sectores más vulnerables?
En el corto plazo, sí, porque algunos programas sociales pueden verse reducidos. Sin embargo, la meta es sustituir esas transferencias por oportunidades de empleo y emprendimiento generadas por un mercado más dinámico, lo que a la larga beneficia a todos.
¿Cómo se compara la inflación actual de Argentina con la de otros países de la región?
Según el INDEC, la inflación de 5,2 % está por debajo de la media regional, que ronda el 8 % en América Latina. Esto muestra que la política monetaria restrictiva está funcionando, aunque el desafío sigue siendo la caída de precios al consumidor.
¿Qué papel juega el Banco Central en este escenario?
El BCRA ha mantenido una política de tasas de interés altas para contener la demanda y frenar la inflación. Sin embargo, la transmisión al sector real depende de la eliminación de trabas fiscales y regulatorias que aún encarecen la producción.