Mérito Individual
Globant e IBM en una universidad pública: el mérito que el Estado no enseña
Una jornada que vale más de lo que parece
La Escuela Repensar el Desarrollo de la UNSAM organizó una jornada de inmersión industrial y tecnológica que llevó a sus estudiantes a visitar las instalaciones de IBM, Globant y Sinteplast. Tres empresas que, en términos de generación de valor real, empleos de calidad y exportación de servicios, representan exactamente lo que Argentina necesita multiplicar. La iniciativa merece reconocimiento. Pero también merece una lectura crítica que el comunicado oficial, naturalmente, no ofrece.
Portar el nombre de "Repensar el Desarrollo" ya es una declaración de intenciones. El desarrollo, en la tradición intelectual que domina buena parte de las universidades nacionales argentinas, suele pensarse como un proyecto colectivo gestionado desde el Estado, con empresas privadas en un rol subordinado o, en el mejor caso, tolerado. Que esa misma escuela lleve a sus alumnos a caminar por los pasillos de Globant —empresa que creció desde un garage porteño hasta cotizar en Wall Street sin un peso de subsidio estatal— es una contradicción que vale la pena celebrar y, al mismo tiempo, interrogar.
El mercado como aula que el Estado no puede reemplazar
Hay algo que ningún plan de estudios puede enseñar con la misma eficacia que ver de cerca cómo funciona una organización que compite en serio. La diferencia entre leer sobre gestión de proyectos tecnológicos y pararse en el piso de operaciones de IBM Buenos Aires es la misma que existe entre estudiar natación en tierra y tirarse al agua. El conocimiento tácito —lo que Hayek llamaba el conocimiento disperso que ningún planificador central puede centralizar— se transmite por contacto, por observación, por conversación con quien lo practica.
En ese sentido, la jornada de la UNSAM hace algo que las universidades públicas argentinas hacen demasiado poco: poner a sus estudiantes frente a la realidad productiva del sector privado. No para que la admiren desde lejos, sino para que entiendan que ahí, en esas empresas, hay carreras, hay desafíos, hay meritocracia en acción. Globant no contrata por acomodo político. IBM no asciende por antigüedad sindical. Sinteplast no sobrevivió décadas de vaivenes macroeconómicos argentinos por tener buenos contactos en el ministerio de turno.
Sobrevivieron y crecieron porque alguien tomó decisiones correctas, asumió riesgos, innovó y generó valor que el mercado estuvo dispuesto a pagar. Eso es mérito. Y es exactamente lo que la cultura universitaria argentina tiende a subvaluar cuando no directamente a cuestionar.
El problema no es la visita, es el regreso al aula
Aquí viene la pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando los estudiantes vuelven al campus? ¿El programa curricular los forma para competir en esos entornos o los prepara para rendir un concurso docente, conseguir un cargo en el sector público o redactar informes para organismos internacionales?
La universidad pública argentina tiene un problema estructural que no es de presupuesto —aunque el debate presupuestario ocupe todo el oxígeno político— sino de orientación de valores. Durante décadas se construyó una cultura académica donde el éxito empresarial es sospechoso, donde el lucro es una categoría moral negativa y donde la palabra "mercado" se pronuncia con el mismo tono con que se menciona una enfermedad. En ese contexto, visitar Globant puede quedar como anécdota turística si el marco interpretativo que rodea la visita es el de la economía política heterodoxa que predomina en muchas facultades de ciencias sociales y económicas del país.
No alcanza con llevar a los chicos a ver cómo trabaja el sector privado si después la clase magistral les explica que esas empresas son expresión de la dependencia tecnológica o del extractivismo digital. El problema no es la excursión: es el ecosistema intelectual en el que esa excursión se inserta.
Autonomía, iniciativa y la responsabilidad de elegir bien
Milton Friedman lo planteó con claridad que incomoda a muchos: la educación es poderosa precisamente porque forma no solo habilidades sino valores. Una educación que celebra la dependencia del Estado, que premia la queja sobre la iniciativa y que trata el fracaso como injusticia sistémica en vez de información útil, produce ciudadanos que esperan ser rescatados en vez de individuos que construyen su propio camino.
La jornada de inmersión de la UNSAM es, en potencia, una experiencia transformadora. Ver de cerca que Globant empezó con tres personas y hoy emplea a más de 27.000 en todo el mundo puede cambiar la manera en que un estudiante de 22 años piensa sobre lo que es posible construir con esfuerzo y talento en la Argentina. Puede encender una chispa de iniciativa que ningún plan de estudios puede encender desde un pizarrón.
Pero esa chispa necesita combustible. Y el combustible es una cultura que valore el esfuerzo individual, que no castigue el éxito con impuestos confiscatorios, que no ahogue la iniciativa con regulaciones diseñadas para proteger al establecido contra el que quiere entrar a competir. En Argentina, ese combustible escasea. No porque falte talento —el talento argentino es reconocido globalmente, basta ver la diáspora tecnológica en Silicon Valley, Madrid o Miami— sino porque el entorno institucional y cultural hace que el costo de intentarlo sea demasiado alto.
Lo que Alberdi hubiera visto en esta foto
Juan Bautista Alberdi entendió antes que nadie que el progreso argentino dependía de incorporar la cultura del trabajo, del riesgo y de la iniciativa. "Gobernar es poblar", escribió, pero en el sentido de atraer a quienes traían consigo el hábito del esfuerzo productivo. Hoy esa frase podría parafrasearse: educar es orientar hacia el mérito.
Una universidad que lleva a sus alumnos a ver IBM y Globant está, quizás sin proponérselo, enviando un mensaje alberdiano: el futuro está en crear valor, no en redistribuirlo. Está diciendo, implícitamente, que hay algo que aprender de quienes construyeron empresas globales desde la Argentina y no desde a pesar de la Argentina.
Si la UNSAM tiene el coraje de sacar todas las consecuencias de esa lección —revisar sus programas, cuestionar sus sesgos, formar graduados que quieran y puedan competir en ese mundo— la jornada habrá valido la pena. Si la visita queda como foto institucional y el aula vuelve a enseñar que el mercado es el problema, entonces IBM y Globant habrán sido, simplemente, el decorado de una contradicción que Argentina no puede seguir postergando.
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Fuentes citadas
- UNSAM — Escuela Repensar el Desarrollo: jornada de inmersión industrial — Comunicado institucional original sobre la jornada de visitas a IBM, Globant y Sinteplast.
- Globant — About — Información corporativa sobre el origen, crecimiento y presencia global de Globant, empresa fundada en Argentina.
- INDEC — Indicadores del sector de servicios informáticos — Datos oficiales sobre empleo y producción del sector tecnológico argentino, contexto para evaluar el peso real de empresas como Globant e IBM en la economía local.